lunes, 27 de abril de 2015

Él te espera



La imagen de la puerta se repite varias veces en el Evangelio y se refiere a la de la casa, del hogar doméstico, donde encontramos seguridad, amor, calor. Jesús nos dice que existe una puerta que nos hace entrar en la familia de Dios, en el calor de la casa de Dios, de la comunión con Él. Esta puerta es Jesús mismo (cf. Jn 10, 9). Él es la puerta. Él es el paso hacia la salvación. Él conduce al Padre. Y la puerta, que es Jesús, nunca está cerrada, esta puerta nunca está cerrada, está abierta siempre y a todos, sin distinción, sin exclusiones, sin privilegios. Porque, sabéis, Jesús no excluye a nadie. Tal vez alguno de vosotros podrá decirme: «Pero, Padre, seguramente yo estoy excluido, porque soy un gran pecador: he hecho cosas malas, he hecho muchas de estas cosas en la vida». ¡No, no estás excluido! Precisamente por esto eres el preferido, porque Jesús prefiere al pecador, siempre, para perdonarle, para amarle. Jesús te está esperando para abrazarte, para perdonarte. No tengas miedo: Él te espera. Anímate, ten valor para entrar por su puerta. Todos están invitados a cruzar esta puerta, a atravesar la puerta de la fe, a entrar en su vida, y a hacerle entrar en nuestra vida, para que Él la transforme, la renueve, le done alegría plena y duradera.

En la actualidad pasamos ante muchas puertas que invitan a entrar prometiendo una felicidad que luego nos damos cuenta de que dura sólo un instante, que se agota en sí misma y no tiene futuro. Pero yo os pregunto: nosotros, ¿por qué puerta queremos entrar? Y, ¿a quién queremos hacer entrar por la puerta de nuestra vida? Quisiera decir con fuerza: no tengamos miedo de cruzar la puerta de la fe en Jesús, de dejarle entrar cada vez más en nuestra vida, de salir de nuestros egoísmos, de nuestras cerrazones, de nuestras indiferencias hacia los demás. Porque Jesús ilumina nuestra vida con una luz que no se apaga más. No es un fuego de artificio, no es un flash. No, es una luz serena que dura siempre y nos da paz. Así es la luz que encontramos si entramos por la puerta de Jesús.

Cierto, la puerta de Jesús es una puerta estrecha, no por ser una sala de tortura. No, no es por eso. Sino porque nos pide abrir nuestro corazón a Él, reconocernos pecadores, necesitados de su salvación, de su perdón, de su amor, de tener la humildad de acoger su misericordia y dejarnos renovar por Él. Jesús en el Evangelio nos dice que ser cristianos no es tener una «etiqueta». Yo os pregunto: vosotros, ¿sois cristianos de etiqueta o de verdad? Y cada uno responda dentro de sí. No cristianos, nunca cristianos de etiqueta. Cristianos de verdad, de corazón. Ser cristianos es vivir y testimoniar la fe en la oración, en las obras de caridad, en la promoción de la justicia, en hacer el bien. Por la puerta estrecha que es Cristo debe pasar toda nuestra vida.

A la Virgen María, Puerta del Cielo, pidamos que nos ayude a cruzar la puerta de la fe, a dejar que su Hijo transforme nuestra existencia como transformó la suya para traer a todos la alegría del Evangelio.

(Francisco)

jueves, 23 de abril de 2015

Jesús sigue alimentándonos en silencio



                        
Jesús en la Eucaristía es ante todo alimento; es, como Él se llamaba, el Pan vivo que necesita comer el alma para tener vida divina.

Y como el alimento, aunque sea vivo, no obra hablando sino dejándose comer, digerir y asimilar, Jesús, en la Eucaristía quiere obrar principalmente, no hablando, sino dejándose silenciosamente comer por la Comunión sacramental, silenciosamente digerir por la buena disposición del alma que no pone obstáculos a la libre entrada y circulación de su gracia y silenciosamente asimilarse por la imitación voluntaria de sus virtudes y vida de Cordero sacrificado en silencio.



Madre Inmaculada, ¡que piensen más los comulgantes en ese silencioso laboratorio de divinización que llevan en sus almas después de cada Comunión...!

(Beato Manuel González)

martes, 21 de abril de 2015

Toda pasión produce hambre en el corazón



Toda pasión produce hambre en el corazón; y mientras más desordenada sea, mientras más mande, o mejor, tiranice, más hambriento, más inquieta y rabiosamente hambriento, pone el corazón.

¿Habéis oído decir al tiranizado por la codicia, por la ambición, por la lujuria, por cualquier pasión, no quiero más dinero, más honra, más placer?

¡Pobres condenados a rabiar de hambre!

«El que me come no tendrá más hambre, el que me bebe no tendrá sed eternamente».

Jesús, entrando silenciosamente en el alma, va llenando la inteligencia de toda verdad y el corazón de todo bien y va extinguiendo las rabiosas hambres de oropeles y falsificaciones de verdades y bienes.


Madre Inmaculada, que este pobre hijo tuyo 
no mendigue más pan en puertas ajenas, 
sino sólo en las del Sagrario de tu Jesús.

(Beato Manuel González)

sábado, 18 de abril de 2015

Lugar privilegiado

En este tercer domingo del tiempo pascual, la liturgia pone una vez más en el centro de nuestra atención el misterio de Cristo resucitado. Victorioso sobre el mal y sobre la muerte, el Autor de la vida, que se inmoló como víctima de expiación por nuestros pecados, "no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por todos; inmolado, ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre" ( Prefacio pascual ,III). Dejemos que nos inunde interiormente el resplandor pascual que irradia este gran misterio y, con el salmo responsorial, imploremos: "Haz brillar sobre nosotros el resplandor de tu rostro" [...] La Iglesia nos invita siempre, y de modo especial en este tiempo pascual, a dirigir nuestra mirada a Cristo resucitado, realmente presente en el sacramento de la Eucaristía. 

En la página evangélica, san Lucas refiere una de las apariciones de Jesús resucitado (cf. Lc 24, 35-48). Precisamente al inicio del pasaje, el evangelista comenta que los dos discípulos de Emaús, habiendo vuelto de prisa a Jerusalén, contaron a los Once cómo lo habían reconocido "al partir el pan" (Lc 24, 35). Y, mientras estaban contando la extraordinaria experiencia de su encuentro con el Señor, él "se presentó en medio de ellos" (v. 36). A causa de esta repentina aparición, los Apóstoles se atemorizaron y asustaron hasta tal punto que Jesús, para tranquilizarlos y vencer cualquier titubeo y duda, les pidió que lo tocaran —no era una fantasma, sino un hombre de carne y hueso—, y después les pidió algo para comer. 

Una vez más, como había sucedido con los dos discípulos de Emaús, Cristo resucitado se manifiesta a los discípulos en la mesa, mientras come con los suyos, ayudándoles a comprender las Escrituras y a releer los acontecimientos de la salvación a la luz de la Pascua. Les dice: "Es necesario que se cumpla todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí" (v. 44). Y los invita a mirar al futuro: "En su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos" (v. 47). 


Toda comunidad revive esta misma experiencia en la celebración eucarística, especialmente en la dominical. La Eucaristía, lugar privilegiado en el que la Iglesia reconoce "al autor de la vida" (cf. Hch 3, 15), es "la fracción del pan", como se llama en los Hechos de los Apóstoles. En ella, mediante la fe, entramos en comunión con Cristo, que es "sacerdote, víctima y altar" (cf. Prefacio pascual v) y está en medio de nosotros. En torno a él nos reunimos para recordar sus palabras y los acontecimientos contenidos en la Escritura; revivimos su pasión, muerte y resurrección. Al celebrar la Eucaristía, comulgamos a Cristo, víctima de expiación, y de él recibimos perdón y vida. 

¿Qué sería de nuestra vida de cristianos sin la Eucaristía? La Eucaristía es la herencia perpetua y viva que nos dejó el Señor en el sacramento de su Cuerpo y su Sangre, en el que debemos reflexionar y profundizar constantemente para que, como afirmó el venerado Papa Pablo VI, pueda "imprimir su inagotable eficacia en todos los días de nuestra vida mortal" ( Insegnamenti, V, 1967, p. 779). 

(Benedicto XVI)

miércoles, 15 de abril de 2015

Nos unimos en oración por el Congreso

ORACIÓN 
POR EL I CONGRESO INTERNACIONAL
BEATO MANUEL GONZÁLEZ


Padre y Señor de la Vida, al celebrar en tu Iglesia el I Congreso Internacional Beato Manuel González, te pedimos que derrames en aquellos que has elegido para ser transmisores de tu Palabra y del testimonio de vida de nuestro fundador: tu Luz y tu Sabiduría, para caminar con paso firme y decidido hacia la Meta que es Cristo, tu Hijo y nuestro Hermano.

Señor Jesús Sacramentado, otorga a todos aquellos que van a participar en este Congreso, la vivencia de su lema, tu mismo Fuego en el corazón del mundo, para colaborar así en la realización de tu ardiente deseo:“He venido a prender fuego a la tierra y ojalá estuviera ya ardiendo”.

Espíritu Santo, que al contemplar la vida y obra del Beato Manuel, el hombre que se dejó alcanzar por tu amor, nos impregnes de tu caridad y espíritu de fraternidad e impulses a tu Iglesia y a toda la Familia Eucarística Reparadora, del mismo espíritu eucarístico y misionero de Santa María de Nazaret, la mujer del Magníficat, para que el evangelio vivo de la Eucaristía sea por todos conocido y amado, adorado y anunciado con alegría y espíritu de reparación, por Jesucristo nuestro Señor. Amén

lunes, 13 de abril de 2015

Alegraos. Un Punto de ENcuenTRO a la luz del Resucitado

La alegría de la Resurrección hizo de las mujeres que habían ido al sepulcro valientes mensajeras de Cristo. No pueden quedar "inactivas" y corren a comunicarlo.

Jesús se hace el encontradizo con nosotros. Nos dice, como a ellas, "No tengáis miedo. Alegraos". También nosotros somos depositarios de una Buena Nueva que no podemos guardarnos.

Enciende, Señor, en nosotros la llama de la alegría para que cada uno de nuestros gestos, palabras y, en definitiva, toda nuestra vida sea anuncio gozoso de que vives en y entre nosotros.




domingo, 12 de abril de 2015

¡Solamente creyendo en Él!



Jesús callado en el Sagrario, me enseña con su sola presencia todo lo que debo creer, me da fuerza, comiéndolo, para que crea y para que viva de mi fe y además, por verlo con los ojos cerrados de mi cara y oírlo con los oídos de carne cerrados está dando a mi fe un valor y un mérito siempre crecientes.

El mérito de la fe de los que trataron a Jesús mortal estuvo en que, viendo sólo su humanidad, creyeron en su divinidad; el mérito de la fe de los que lo tratamos oculto y callado en el Sagrario es superior; por el solo estímulo de su gracia y por la sola autoridad de la Iglesia, sin ver nada lo creemos todo, sin oír nada lo obedecemos siempre, sin verlo ni oírlo ni gustarlo le rendimos cuanto somos.



Madre Inmaculada, que yo siga, obedezca y ame a tu Jesús 
sin sentirlo, sin verlo, sin oírlo y sin gustarlo... 
¡solamente creyendo en Él!

(Beato Manuel González)

jueves, 9 de abril de 2015

El Dios que quiere más ser objeto de amor que de miedo

Madre querida, ¿por qué los hombres se obstinan en no reconocer a tu Jesús precisamente cuando Él se manifiesta más claro y más cuenta tendría a ellos conocerlo y reconocerlo?

En mis horas de dolor, tentación, sequedad, contradicción, prueba, ¿por qué creo más en los fantasmas de mi egoísmo, imaginación, amistades y valimientos de la tierra que en tu Jesús ciertamente presente a mi pena?

El Evangelio de tu Hijo me insinúa la respuesta que tú te encargarás de grabar hondamente en mi alma.

Es que tu Jesús quiere ser conocido y reconocido como amor más que como poder; por parte de los suyos gusta más de ser adivinado, olido, echado de menos que demostrado; quiere más ser objeto de amor que de miedo...

 

 


Madre Inmaculada, enseña a mis ojos y a mi alma a buscar en tu Jesús, más que las manos con que hace milagros, el Corazón con que me ama...

(Beato Manuel González)

Punto de ENcuenTRO abril

Recuerda que mañana viernes a las 20:15h 
tendremos nuestro‪#‎PuntodeENcuenTRO‬ 
en la Capilla de San Jorge http://bit.ly/1yfvFCf . 
Invita a tus amigos. Os esperamos


miércoles, 8 de abril de 2015

Emaús: La tristeza en la ausencia

Todos, lo mismo los que andan en su opulencia, como los sumergidos en el mar de las privaciones, los chicos y los grandes, los hombres y las mujeres, caminamos fatigosamente por la senda de la vida cargados con el fardo de una gran tristeza.

Jesús, que en su vida de Sagrario ha tomado sobre sí el oficio de compañero de viaje de sus hermanos los hombres, ¡cuántas veces se asoma al camino por donde éstos pasan y de mil modos y maneras les pregunta: ¿Por qué estáis tristes?


Tú, en el Sagrario eres pureza, verdad, salud, poder, amor, vida, felicidad, gloria, y ¡no eres echado de menos por tus hermanos los heridos, los apesadumbrados, los oprimidos [...]!Jesús no echado de menos por los tristes de la vida, ¡qué tristeza para tu Corazón!

Señor, obligado, como mis hermanos, a andar privado de muchas cosas por la tierra, yo quisiera, yo te pido que no me dejes entrar la tristeza más que por la sola privación de tu presencia y que, mientras yo pueda asegurar: tengo a Jesús en mi Sagrario y hoy lo tengo en mi alma y mañana, contando con su misericordia, lo tendré también, nada ni nadie puede turbar la paz de mi corazón; y si, a pesar de mis deseos y peticiones, por la abundancia de mis dolores y flaquezas, lloro y me quejo, ardientemente te pido que cada lágrima de mis ojos, cada ¡ay! de mi boca, cada arruga de mi frente, cada gota de mi sudor, cada quejido silencioso de mi corazón, cada protesta, en fin, de mis incontables necesidades, sea esto sólo: voz que te llame y señal de que te echo de menos.

Compañero disfrazado de mi viaje de la tierra al cielo, que todo en mí, mis penas como mis alegrías, te estén siempre gritando: ¡Más Jesús! ¡Más Jesús!

(Beato Manuel González)

martes, 7 de abril de 2015

La humildad y la constancia de María Magdalena

Yo os pediría la imitación de la humildad y la constancia que brillan en su amor.

Ella se goza en estar a los pies de su Maestro y es la única que no se va.

María llora porque le habían robado a su Señor, pregunta al que creía el ladrón, se decide ella misma a recuperarlo y no cae en lo que hubiera sido más acertado, en creer en la tan anunciada Resurrección.

Jesús, sin embargo, se fija más en aquel desatino del amor que en la ausencia de fe en su palabra y premia a Magdalena con la primera de sus apariciones.



Aunque no hicierais otra cosa a las puertas de los Sagrarios sin alma y de las almas sin Sagrario que hacer brotar o repetir las lágrimas del amor humilde y constante de la Magdalena, ya haríais bastante para que se acelerara la hora feliz del encuentro de las almas con el Sagrario.

Aquellas lágrimas y no la visita de inspección de Pedro y Juan se llevan el premio de la primera aparición...

(Beato Manuel González)

lunes, 6 de abril de 2015

MENSAJE URBI ET ORBI DEL SANTO PADRE FRANCISCO PASCUA 2015


Queridos hermanos y hermanas
¡Feliz Pascua!





¡Jesucristo ha resucitado!

El amor ha derrotado al odio, la vida ha vencido a la muerte, la luz ha disipado la oscuridad.

Jesucristo, por amor a nosotros, se despojó de su gloria divina; se vació de sí mismo, asumió la forma de siervo y se humilló hasta la muerte, y muerte de cruz. Por esto Dios lo ha exaltado y le ha hecho Señor del universo. Jesús es el Señor.

Con su muerte y resurrección, Jesús muestra a todos la vía de la vida y la felicidad: esta vía es la humildad, que comporta la humillación. Este es el camino que conduce a la gloria. Sólo quien se humilla puede ir hacia los «bienes de allá arriba», a Dios (cf.Col 3,1-4). El orgulloso mira «desde arriba hacia abajo», el humilde, «desde abajo hacia arriba».

La mañana de Pascua, Pedro y Juan, advertidos por las mujeres, corrieron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío. Entonces, se acercaron y se «inclinaron» para entrar en la tumba. Para entrar en el misterio hay que «inclinarse», abajarse. Sólo quien se abaja comprende la glorificación de Jesús y puede seguirlo en su camino.

El mundo propone imponerse a toda costa, competir, hacerse valer... Pero los cristianos, por la gracia de Cristo muerto y resucitado, son los brotes de otra humanidad, en la cual tratamos de vivir al servicio de los demás, de no ser altivos, sino disponibles y respetuosos.

Esto no es debilidad, sino auténtica fuerza. Quién lleva en sí el poder de Dios, de su amor y su justicia, no necesita usar violencia, sino que habla y actúa con la fuerza de la verdad, de la belleza y del amor.

Imploremos hoy al Señor resucitado la gracia de no ceder al orgullo que fomenta la violencia y las guerras, sino que tengamos el valor humilde del perdón y de la paz. Pedimos a Jesús victorioso que alivie el sufrimiento de tantos hermanos nuestros perseguidos a causa de su nombre, así como de todos los que padecen injustamente las consecuencias de los conflictos y las violencias que se están produciendo, y que son tantas.

Roguemos ante todo por la amada Siria e Irak, para que cese el fragor de las armas y se restablezca una buena convivencia entre los diferentes grupos que conforman estos amados países. Que la comunidad internacional no permanezca inerte ante la inmensa tragedia humanitaria dentro de estos países y el drama de tantos refugiados.

Imploremos la paz para todos los habitantes de Tierra Santa. Que crezca entre israelíes y palestinos la cultura del encuentro y se reanude el proceso de paz, para poner fin a años de sufrimientos y divisiones.

Pidamos la paz para Libia, para que se acabe con el absurdo derramamiento de sangre por el que está pasando, así como toda bárbara violencia, y para que cuantos se preocupan por el destino del país se esfuercen en favorecer la reconciliación y edificar una sociedad fraterna que respete la dignidad de la persona. Y esperemos que también en Yemen prevalezca una voluntad común de pacificación, por el bien de toda la población.

Al mismo tiempo, encomendemos con esperanza al Señor, que es tan misericordioso, el acuerdo alcanzado en estos días en Lausana, para que sea un paso definitivo hacia un mundo más seguro y fraterno.

Supliquemos al Señor resucitado el don de la paz en Nigeria, Sudán del Sur y diversas regiones del Sudán y de la República Democrática del Congo. Que todas las personas de buena voluntad eleven una oración incesante por aquellos que perdieron su vida asesinados el pasado jueves en la Universidad de Garissa, en Kenia, por los que han sido secuestrados, los que han tenido que abandonar sus hogares y sus seres queridos.

Que la resurrección del Señor haga llegar la luz a la amada Ucrania, especialmente a los que han sufrido la violencia del conflicto de los últimos meses. Que el país reencuentre la paz y la esperanza gracias al compromiso de todas las partes implicadas.

Pidamos paz y libertad para tantos hombres y mujeres sometidos a nuevas y antiguas formas de esclavitud por parte de personas y organizaciones criminales. Paz y libertad para las víctimas de los traficantes de droga, muchas veces aliados con los poderes que deberían defender la paz y la armonía en la familia humana. E imploremos la paz para este mundo sometido a los traficantes de armas, que se enriquecen con la sangre de hombres y mujeres.

Y que a los marginados, los presos, los pobres y los emigrantes, tan a menudo rechazados, maltratados y desechados; a los enfermos y los que sufren; a los niños, especialmente aquellos sometidos a la violencia; a cuantos hoy están de luto; y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, llegue la voz consoladora y curativa del Señor Jesús: «Paz a vosotros» (Lc 24,36). «No temáis, he resucitado y siempre estaré con vosotros» (cf. Misal Romano, Antífona de entrada del día de Pascua).

Punto de ENcuenTRo abril: Alegraos

Este viernes nos unimos en oración con la alegría del Resucitado.
¡Te esperamos!


domingo, 5 de abril de 2015

Domingo de Resurrección: No deis un sólo paso sin fe viva

¡Qué mañanita aquella la del Domingo de Pascua! De una parte los discípu­los..., ¡los hombres! encogidos de miedo, mordidos de la incredulidad y encerrados en un cuarto de Jerusalén, y de otra, las Marías, ¡las mujeres!, tomando la delantera al sol sin miedo a los guardias que el odio puso custodiando al Maestro, para volver a ocupar su sitio junto a Él!


Y cuando se ve ese contraste, ¡qué bien cae en el alma la largueza con que Jesús resucitado paga!

Sí, sí, ¡cómo os debe llenar el alma de agradecimiento, hasta hacerla rebosar, la donación de tantas primicias con que fueron honradas y agasajadas las Marías del Evangelio!

Para ellas la primera noticia de la Resurrección, para ellas la primera aparición, para ellas la dicha del primer beso en las gloriosas cicatrices de los pies, para ellas el honor de ser las primeras predicadoras de la Resurrección.

Y mezclados con esos gozos y enaltecimientos, ¡cuántas enseñanzas y cuántas lecciones ante el sepulcro vacío!



Cuando se os haga pesado, casi insoportable por dificulta­des de las cosas o de los hombres sosteneros junto a vuestro Sagrario-Calvario, acordaos de las primicias que os esperan, en cuanto llegue la mañanita de la Resurrección...

Por una paradoja, que a las veces se da en el corazón humano, las Marías iban al sepulcro con más amor que fe, y más diría, con mucho amor y ninguna fe.

Amaban al Muerto y no creían en el Resucitado.

Prueba de ello fue aquel ir a ungir al muerto, como si se hubiera que quedar en el sepulcro para siempre, en vez de irse a esperar su Resurrección.

Y todavía se quedaron más atrás en punto a fe los apósto­les. Encerrados en la ciudad y sobrecogidos de miedo, no tuvieron para los varios mensajeros que les iban llegando de la Resurrección más que esta triste palabra del Evangelio: «¡No creyeron!».

Quizás, quizás algo de eso os ha pasado a vosotras ante vuestro Sagrario-Calvario.

Vais a él porque amáis, es verdad, y porque amáis con ardor, con pasión, y dispuestas a remover cuantas dificulta­des se os presenten.

Pero dejadme que os diga que alguna vez se ha repetido en vosotras esa especie de paradoja de amor sin fe que se dio entonces.

Creéis menos que amáis; diríase que es más ardiente vuestro amor que viva vuestra fe.

¿Sabéis en qué lo conozco?

En la facilidad con que os quejáis del poco fruto, con que dejáis de ir, con que os cansáis de estar solas con Él, con que os tratáis de convencer de que allí no se puede conseguir nada...

Yo os aseguro que si vuestra fe en el que visitáis fuera de verdad viva, antes se gastarían las losas de los caminos que os conducen a vuestro Sagrario, que vuestros pies de ir y vuestra lengua de hablar y vuestro corazón de palpitar por Él...

¿Queréis que el gozo grande de la Resurrección os acompañe siempre, siempre en vuestras idas y venidas de los Sagrarios?

Ya sabéis el secreto. No deis un sólo paso sin fe viva.

No lo olvidéis: fe viva, constante.

¡Escasea tanto entre los que creen y aman!

(Beato Manuel González)

viernes, 3 de abril de 2015

Viernes Santo: La hora del Sacrificio

Muchos son los seguidores y enamorados de las dádivas y regalos de Jesús. Pero pocos los de verdad enamora­dos de su Corazón, y menos aun en la hora de su Sacrificio.

Poned un momento vuestros ojos en la cima del Calvario en la hora de la crucifixión de Jesús. ¿Qué da allí Jesús?

Allí no hay multiplicación de panes ni peces. No hay curaciones milagrosas de ciegos y tullidos. No hay caricias para niños ni consuelos para los que lloran... Allí no hay más que una vida que se extingue, unos ojos vidriosos que se cierran, unas heridas que manan sangre, una boca cárdena que se reseca, unos miembros que se contraen, un amor infinito que se deshace en un infinito dolor. Y, cuando la vida se extingue del todo, queda de cuerpo presente un pecho abierto y un Corazón traspasado por la lanza de un soldado.

¿Quién está con Jesús en esa hora?

Responde el Evangelio:

Estaban junto a la Cruz, María Madre de Jesús, Juan el Discípulo a quien Jesús amaba y las Marías.



¡Éstas son las almas que buscan a Jesús crucificado! Ésas son las buenas, las óptimas buscadoras de Jesús. Las que sólo buscan su Corazón, para, con Él y como Él, amar padeciendo o gozando, trabajando o descansando, muriendo o resucitando...

(Beato Manuel González)

jueves, 2 de abril de 2015

Jueves Santo: ¡Si nos enteráramos!

Para mí la línea que divide a la humanidad en dos grandes mitades la ha trazado el Jueves Santo. En la tarde de ese día se creó el Sagrario. Yo creo que más que la diversidad de razas, el grado de cultura o de libertad de los pueblos, y el rango de los imperios y de las estirpes, diferencia a los hombres esta condición: Hombres con Sagrario y hombres sin él.

El tránsito de no tener Sagrario a tenerlo ha puesto al hombre en goce y posesión de "el Bien absoluto y sin limita­ciones".

Con este Bien del Sagrario se acabaron de verdad todas las pobrezas y desdichas de los hombres.



¿Que aun siguen mendigando y gimiendo?

Es verdad, pero es que seguramente esos hombres no han leído y mucho menos entendido la hoja del almanaque de este día cuando dice: JUEVES SANTO

Ésa es vuestra misión: enseñar o recordar a los hombres que hay Jueves santo, que hay que agradecerlo siempre.

(Beato Manuel González)

miércoles, 1 de abril de 2015

Miércoles Santo: Misterio de misterios

¡Qué lección tan transcendental para un apóstol contemplar a Jesús dando de comer de su pan y de beber de su copa y oyendo y respondiendo y rodeando de delicadezas, no una vez, ni un día, sino durante las noches y los días de tres años, al que sabía de cierto que anidaba en su corazón y en sus intenciones el propósito de robarle constantemente las limosnas ofrecidas por los fieles, de murmurarle y de venderlo al cabo, por unas monedas, a sus encarnizados enemigos!

Si la elección de Judas, a sabiendas de que había de ser traidor, es un gran misterio del Corazón de Jesús, la paciencia en padecerlo casi tres años en vida íntima, es misterio de misterios.



Quizá levante un poco el velo de ese misterio el conside­rar la conducta de Jesús con Judas como la obra maestra, la prueba cumbre, el ejemplar más acabado de la misericordia de su Corazón que quería grabar en el corazón de sus apóstoles.

Si vale la frase, yo diría que toda la razón de ser de Judas en el colegio apostólico, era que el Corazón de Jesús "luciera" toda su misericordia y todo su respeto a la libertad humana, y enseñara a sus apóstoles del modo más eficaz a desarrollar su Apostolado.

(Beato Manuel González)